
Para Wifredo Lam, el arte moderno deja de ser un territorio delimitado para convertirse en un campo de fuerzas. Con "When I Don't Sleep, I Dream", el Museo de Arte Moderno (MoMA) dedica la primera gran retrospectiva estadounidense a un pintor cuya obra, relegada durante mucho tiempo a los márgenes del canon occidental, se presenta ahora como uno de sus puntos de inflexión más decisivos.

Tuve la suerte de ver esta exposición en el MoMA, ¡y es absolutamente magnífica! Desde las primeras salas, uno se adentra en el mundo de Wifredo Lam como si fuera un territorio aparte: la escenografía y la disposición de las obras crean una experiencia verdaderamente inmersiva, donde cada pieza parece dialogar con la siguiente en una continuidad casi orgánica. Uno se marcha con la sensación de haber recorrido un mundo interior denso, habitado y vibrante.
Nacido en Cuba en 1902, formado en pintura en España y residente en París y Marsella, antes de regresar al Caribe y establecerse definitivamente en Europa, Lam encarnó al artista transnacional adelantado a su tiempo. Pero su estilo de vida itinerante distó mucho de ser insignificante: moldeó una obra profundamente marcada por las tensiones del siglo XX —el colonialismo, el exilio, el racismo, las guerras— que sus pinturas no pretendían ilustrar, sino más bien asimilar. La exposición del MoMA, que presenta más de 130 obras que abarcan seis décadas, recorre esta compleja trayectoria sin reducirla jamás a una mera síntesis estilística.
Las primeras obras creadas en España, marcadas por la Guerra Civil, revelan ya a un pintor para quien la forma es inseparable del compromiso político. Desde muy pronto, Lam rechazó la neutralidad modernista. En París, su encuentro con Pablo Picasso y André Breton lo situó dentro del círculo surrealista; sin embargo, nunca se integró completamente en él. Mientras que el surrealismo europeo se nutría de imágenes a menudo fantásticas del "otro lugar", Lam invirtió la perspectiva: movilizó el automatismo gráfico, los sueños y la metamorfosis para reactivar recuerdos enterrados, culturas diaspóricas relegadas al silencio. Los dibujos colaborativos, los cadáveres exquisitos y los libros ilustrados dan testimonio de este período de intensa circulación de formas e ideas.

Lo que resulta particularmente impactante en toda la exposición es la fuerza de una voz artística que ha permanecido durante mucho tiempo en la sombra. Lam se presenta como un artista aún relativamente desconocido para el público general, a pesar de que su visión posee una fuerza singular y es profundamente personal. A través de sus obras, se percibe claramente la riqueza de sus inspiraciones —africanas, caribeñas, europeas—, pero también sus múltiples orígenes culturales y su tormento interior. Cada figura híbrida, cada paisaje atravesado por tensiones, parece portar la memoria del desplazamiento, del desarraigo, de la búsqueda de la identidad.
El verdadero punto de inflexión se produjo a su regreso a Cuba en 1941. Allí, Lam reinventó radicalmente su lenguaje pictórico. Figuras híbridas, mitad humanas, mitad vegetales, surgieron en composiciones densas donde el paisaje se convertía en un espacio ritual. La selvaEsta obra emblemática, conservada por el MoMA desde 1945, no es ni exótica ni puramente abstracta: se presenta como una condensación visual de la historia caribeña, desde la esclavitud hasta las espiritualidades afrocaribeñas, en una pintura que es a la vez sensual e inquietante.
La exposición demuestra con precisión que Lam nunca dejó de moverse. A finales de la década de 1940, su paleta se oscureció, su aplicación de la pintura se volvió más densa, hasta que… Composición grandeObra monumental de 1949, presentada por primera vez en más de sesenta años. Esta pintura sobre papel kraft, de excepcional ambición formal, marca un punto de inflexión: el espacio se satura de figuras abstractas, como si el cuerpo humano se disolviera en un campo de fuerzas.
Establecido en Albissola Marina, Italia, desde la década de 1950 en adelante, Lam continuó sus experimentos, especialmente en la serie Broussedonde la abstracción adquiere autonomía sin borrar jamás el peso simbólico de las formas. En las décadas de 1960 y 1970, retomó una figuración alargada y espectral, poblada por seres filiformes que parecen danzar sobre las ruinas de un mundo antiguo. Ni del todo humanas ni completamente mitológicas, estas figuras encarnan una visión del mundo donde lo visible y lo invisible coexisten.


1942-43 LAM La jungla
La retrospectiva concluye con obras posteriores, como sus creaciones cerámicas y grabados fruto de colaboraciones literarias con Aimé Césaire, Édouard Glissant y René Char. Una vez más, Lam rechaza cualquier sensación de cierre. Hasta el final, multiplica sus medios, como si la pintura por sí sola ya no bastara para expresar todo lo que tenía que decir.
En el MoMA, Wifredo Lam se presenta menos como un nexo entre Europa y el Caribe que como un agente crítico de la modernidad. Un artista que nunca buscó integrarse en la narrativa dominante, sino desplazarla desde dentro, convirtiendo sueños, mitos y recuerdos en herramientas de resistencia. Más que una retrospectiva, "When I Don't Sleep, I Dream" sirve como recordatorio: la historia del arte moderno sigue siendo un terreno inestable, recorrido por voces largamente relegadas a la periferia, pero ahora imposibles de ignorar.
“Wifredo Lam: Cuando no duermo, sueño”
Museo de Arte Moderno (MoMA)
11 West 53rd Street, Nueva York (Estados Unidos)
Del 10 de noviembre de 2025 al 11 de abril de 2026










