
A través de la pintura, Faustine Badrichani indaga en la conexión de la mujer con su cuerpo, en sus aspectos más íntimos e inexpresados, en la profundidad de los gestos cotidianos.


Faustine Badrichani pinta a las mujeres tal como rara vez se las ve, es decir, sin lujuria. Una mano en el cabello mojado, un cuerpo extendido al sol, la languidez de una tarde de finales de verano: sus modelos no posan, o casi no lo hacen. Simplemente viven, y es esta naturalidad la que busca capturar. Mientras que tantas miradas han convertido el desnudo femenino en objeto de deseo, ella explora algo más: el cuerpo como lugar de experiencia, como la memoria silenciosa de una vida.


Su trayectoria artística no debe nada a ninguna escuela de arte. Criada en la Provenza, Faustine creció en una casa repleta de fósiles y mudas de cigarras coleccionadas por sus padres geólogos; estos archivos de la vida le revelaron desde muy joven que la materia se transforma y conserva las huellas del paso del tiempo. Esta temprana cercanía a las formas, los materiales y los ciclos del mundo natural parece haber nutrido su visión artística. Sin embargo, Faustine se decantó por las finanzas, pues era una buena estudiante y el camino le parecía claro. El trabajo la mantenía ocupada, pero no la llenaba. La Provenza de su infancia, sin embargo, nunca la abandonó. Quizás ahí reside la fuente de sus colores: los azules profundos y los ocres del sur, la cálida luz que baña sus lienzos hoy en día y esa atención inquebrantable al tiempo, que marca los cuerpos como patina la piedra.


El punto de inflexión llegó con la maternidad. El embarazo, ante todo, reabrió la cuestión del cuerpo, de esa carne que creíamos conocer y que empezó a transformarse ante nuestros propios ojos. El nacimiento de su hija hizo el resto: pudo concentrarse mejor, dedicarse de otra manera, comprometerse a dibujar un dibujo al día durante todo un año. El camino no fue nada fácil. Autodidacta, Faustine avanzó durante años sin puntos de referencia, sin una ruta definida, superando dificultades que no oculta. Pero el hecho de no haber aprendido su arte de ningún maestro también fue una ventaja: al carecer de formación formal, pudo desarrollar una obra libre, cuyo estilo era completamente suyo, y es esta libertad la que impregna toda su obra.


Esta exploración del cuerpo la llevó mucho más allá del lienzo, y quizás fue allí donde se sintió más libre. En su serie «Huella Corporal», capturó la huella física de sus modelos, quienes presionaban sus cuerpos directamente sobre el lienzo, plasmando la textura de cicatrices, arrugas y signos de envejecimiento: todo lo que la piel acumula a lo largo de la vida. Mujeres jóvenes, mujeres maduras, y la huella como registro de la experiencia vivida, como prueba de que el cuerpo no olvida nada. Lo que le encantaba de este enfoque era tanto el gesto en sí como lo que revelaba. Las sesiones eran largas e íntimas, y la conversación fluía con naturalidad. Faustine preguntaba a cada mujer qué le gustaba de su cuerpo, y casi siempre la respuesta revelaba lo contrario: lo que no le gustaba; y con esta confesión llegaba toda una vida, sus pruebas, sus heridas, sus alegrías. De estos encuentros extrajo una certeza que ahora impregna su pintura: el cuerpo femenino pertenece solo a quien lo habita.


Es esta convicción la que se extiende en la exposición "Verano en el cuerpo". Los lienzos aquí reunidos tienen su origen en la fotografía, en instantáneas tomadas de cerca, a menudo entre su gente, aquellos cercanos que acceden a posar o a quienes la lente capta en un momento de entrega. Mujeres junto al agua, bajo el calor del verano, entregadas a esos instantes en que el cuerpo se relaja sin delatarse. El azul predomina, el azul del mar y del cielo austral, la misma luz que ya impregnaba "Primero el mar", su primera exposición individual en París. Todo el arte de Faustine reside en esta captura de gestos sencillos, aquellos que las mujeres realizan sin siquiera pensarlo, y que, sin embargo, expresan lo esencial.


Entre Hong Kong, Nueva York y Europa, Faustine Badrichani desarrolla así una obra fiel a un único motivo: el cuerpo de la mujer, ese territorio que conserva la memoria de nuestras vidas mejor que ningún otro.




"Verano en el cuerpo – Faustine Badrichani"
Galería Esther y Paul
17, rue de l'Odéon, París 6
Del 30 de junio al 21 de julio de 2026







