Se creía que el modernismo estaba relegado a los museos, congelado en las fachadas de hormigón de nuestros suburbios o en las páginas polvorientas de los manifiestos arquitectónicos. Pero Lucy Williams lo resucita, a su manera: en miniatura, con delicadeza y poesía. En la Galería Berggruen de San Francisco, la artista británica presenta "Radiant City" a partir del 6 de noviembre de 2025. Su tercera exposición individual en este espacio, traslada los grandiosos sueños de Le Corbusier a un universo a la vez obsesivo e íntimo, donde cada fragmento se convierte en objeto de contemplación.

Williams trabaja como un orfebre. Sus obras parten de un dibujo preciso, que se convierte en una matriz digital. A partir de esta base, corta con láser la estructura, luego corta papel de color para formar los distintos elementos, aplicando posteriormente capas ascendentes de diversos materiales como papel, plexiglás, chapa de madera, tela o metal. Cortinas, librerías, lámparas, jarrones, pantallas y azulejos emergen gradualmente, congelados en un bajorrelieve donde la mirada duda: ¿pintura o escultura? Todo es plano, pero todo parece poseer cierta profundidad. Sus composiciones pertenecen a este territorio ambiguo, suspendido entre la imagen y el objeto, donde el espectador oscila entre la fascinación y la duda.
El modernismo, como sabemos, pretendía ser racional, funcional y austero. Williams, sin embargo, le infunde una calidez inesperada. Sus hilos bordados serpentean como cicatrices poéticas. Sus colores —berenjena, pizarra y rosa empolvado— suavizan la rigidez del hormigón. Introduce ornamentación donde Le Corbusier la había desterrado.
Sus obras evocan a Anni Albers por sus textiles, a Ruth Asawa por la ligereza de sus hilos y a las geometrías de Jean Arp y Alexander Calder. Al igual que ellos, Williams explora la tensión, la estructura y la vibración. Joseph Becker, curador asociado del SFMOMA, también destaca la energía, la dedicación y la intencionalidad que aporta a su obra. Pero en su caso, todo esto se combina con una intimidad artesanal, un gesto paciente que humaniza la frialdad modernista.
Al elegir el título "Ciudad Radiante", Williams no se limita a aludir al proyecto arquitectónico no realizado de Le Corbusier; explora sus contradicciones: una ambición igualitaria que tiende hacia la uniformidad, una utopía colectiva que, en última instancia, aplasta al individuo. Las obras de la diseñadora son hermosas, seductoras, pero vacías. No aparecen figuras en ellas. Y, sin embargo, ante estos interiores desiertos, uno siente la necesidad de entrar, de habitarlos. Es esta paradoja la que confiere a su obra su poder narrativo: la frialdad de las líneas arquitectónicas se transforma en un atractivo para el espectador.

Durante la pandemia, Williams se aventuró en la abstracción para explorar las cualidades visuales rítmicas y repetitivas de la forma: triángulos de colores que flotan sobre cables verticales, motivos líricos y un control del espacio que recuerda a modernistas como Naum Gabo o Barbara Hepworth. Estas composiciones no figurativas se reintroducen ahora en sus escenas arquitectónicas. El ornamento, proscrito por el modernismo, reaparece así en toques suspendidos, como si el rigor geométrico necesitara ser fracturado por la poesía.
“Radiant City” también es una cuestión de memoria. Memoria colectiva: la de una época en la que la arquitectura buscaba transformar la sociedad. Memoria íntima: los interiores que el artista representa —piscinas, salas de estar, bibliotecas— resuenan con nuestros propios recuerdos. Al reducir estos espacios al tamaño de una pintura, Williams los transforma en objetos de contemplación. Los observamos como mirones, fascinados por el detalle, pero a la vez a distancia. De esta tensión entre atracción y frustración surge la intensidad total de la experiencia.
Lucy Williams no celebra ingenuamente el modernismo; lo recompone, revelando sus contradicciones y extrayendo al mismo tiempo una belleza inesperada. Sus "ciudades radiantes" son utopías fragmentadas, transformadas en fragmentos poéticos. En un mundo saturado de megalópolis, nos recuerda que a veces es a menor escala, en miniatura, que renace el deseo de habitar un espacio.
Eva Kaplan
“Lucy Williams – Ciudad Radiante” Galería Berggruen
10 Hawthorne Street, San Francisco (Estados Unidos)
Del 6 de noviembre de 2025 al 8 de enero de 2026










