Para Saïdou Dicko, el horizonte no es una línea, sino una experiencia. Un espacio mental más que un punto geográfico. En Donde la tierra y el cielo se encuentranEn su tercera exposición individual en AFIKARIS, el artista burkinés continúa una obra profundamente autobiográfica, nutrida por la infancia, los viajes y una profunda atención a las formas elementales del mundo. Todo comienza con un simple gesto: caminar. Caminar para comprender. Caminar para ver hasta dónde llega la mirada.


Dicko fue pastor desde los cuatro años. Cada día caminaba hacia la línea donde, según él, la tierra finalmente tocaría el cielo. Nunca alcanzaría ese punto mítico, pero esta búsqueda imposible se convirtió en la base de toda su obra. La exposición se organiza en torno a esta tensión fundamental: entre el deseo de superación y la aceptación de las limitaciones, entre la ambición y el aprendizaje. El horizonte ya no es una promesa de conquista, sino un espacio frágil y poético, donde el fracaso se transforma en sabiduría.
Las figuras que pueblan las obras de Saïdou Dicko son siluetas de niños, a menudo pintadas de negro, sin rasgos distintivos, sin identidad identificable. Sombras. No ausencias, sino presencias plenas, nacidas de la luz abrumadora del Sahel. Para él, la sombra es refugio, memoria, territorio compartido. No tiene edad, género ni nacionalidad. Al borrar los rostros, Dicko no elimina nada: al contrario, abre un espacio universal donde cada uno puede proyectarse.
Estos niños juegan, bailan, extienden los brazos, imitan a los pájaros. Sus gestos son sencillos, casi primarios. Sin embargo, todo parece imbuido del deseo de volar. Un bidón se convierte en un avión, una rama se transforma en un ala, un árbol ofrece su sombra como refugio. La infancia aquí nunca es nostálgica: es un estado de alerta, un momento en el que la imaginación suplanta a la realidad. Elevarse no significa huir, sino aprender a ver de otra manera.

El color juega un papel central en esta exposición. Las telas africanas, cortadas, recompuestas e integradas digitalmente en fotografías, nunca son meramente decorativas. Forman paisajes interiores, hechos de recuerdos, viajes y sensaciones. La fotografía, la acuarela, el collage y los medios digitales se combinan a la perfección sin jerarquías. Dicko, de hecho, se define menos como fotógrafo que como artista visual, tejiendo sus imágenes hilo a hilo, gesto a gesto.
A través de esta nueva serie, Donde la tierra y el cielo se encuentran Se presenta como una meditación sobre el movimiento. Nada es fijo. Las obras narran la historia de una memoria circulante, un ir y venir constante entre África y Europa, entre el pasado y el presente, entre lo visible y lo invisible. El horizonte no es un destino, sino un lugar de aprendizaje, donde uno comprende que lo importante no es llegar, sino avanzar.
Dicko nos invita a bajar el ritmo, a reaprender a habitar el mundo con humildad. A aceptar no aspirar al cielo para escuchar mejor a la tierra. A ser, en sus propias palabras, «estudiantes de la vida y alumnos de la naturaleza». Una lección discreta pero esencial en un mundo saturado de imágenes y certezas.



Saïdou Dicko, Donde la Tierra y el Cielo se encuentran
Del 10 de enero al 28 de febrero de 2026
Galería AFIKARIS
7 rue Notre-Dame-de-Nazareth, 75003 París
De martes a sábado, de 11 a 19 horas








