Amoako Boafo, o el arte de llevar otro lugar dentro de uno mismo. 

Boafo_WhiteFrames_12235_Detail1_Cortesía de heartistandRobertsProjects, Los Ángeles, California; Foto: Paul Salveson

Para Amoako Boafo, la pintura nunca es un acto aislado. Está impregnada de lugares, voces y recuerdos que trascienden el lienzo. Con «Me llevo mi hogar», el artista ghanés presenta no solo una nueva serie de retratos, sino también una reubicación física de su mundo en el espacio expositivo. Su estudio de Accra, reconstruido aquí a escala, no es ni un telón de fondo ni una referencia autobiográfica, sino una extensión de su proceso creativo. La exposición se organiza, por tanto, como un territorio íntimo y compartido, donde la pintura y la arquitectura dialogan para hacer perceptible el ecosistema afectivo, social y cultural de la creación.

Boafo_Autorretrato-Dedos Enlazados_12244_Detalle2_Cortesía de heartistandRobertsProjects,LosAngeles,California;Foto: PaulSalveson

Diseñada en colaboración con el arquitecto y diseñador Glenn DeRoche, esta reconstrucción funciona como una matriz. Encarna ese espacio fundamental donde se entrelazan historias personales, influencias culturales y dinámicas comunitarias. Para Amoako Boafo, el estudio nunca es un refugio solitario. Es un espacio poroso, impregnado por otros, por narrativas colectivas, por una memoria viva. Al ubicarlo en el corazón de la galería, el artista afirma que su obra nace de una interacción constante entre lo íntimo y lo colectivo, la acción individual y la experiencia compartida.

Los retratos que salpican este espacio encarnan esta fértil tensión. El lenguaje pictórico de Amoako Boafo, a menudo comparado con las líneas sinuosas y el rigor expresivo del artista austriaco Egon Schiele, se manifiesta a través de una simplificación radical. Las figuras aparecen aisladas sobre fondos monocromáticos o de colores intensos, jugando con los contrastes y eliminando cualquier adorno visual. Nada distrae al espectador de los rostros, las posturas, la mera presencia de los sujetos. Los cuerpos se yerguen, solemnes, a veces imbuidos de una serenidad casi hierática, como suspendidos fuera del tiempo.

Esta intensidad se debe en gran medida a su técnica singular. Amoako Boafo es reconocido por aplicar la pintura al óleo directamente con los dedos. Este contacto inmediato con el lienzo establece una relación visceral con el material: la piel se convierte en una superficie viva, moldeada por la presión del gesto, trabajada a través de sucesivas capas de matices. Los dedos esculpen literalmente las variaciones de la piel negra, su profundidad, su luz interior, otorgando a los cuerpos una densidad casi táctil. Por el contrario, la ropa y los fondos suelen representarse con pincel o con atrevidos patrones gráficos, creando un sorprendente contraste entre la vibración orgánica de la carne y la estilización del entorno.

En algunas obras, esta pintura táctil se complementa con una intervención más discreta pero esencial: bordados, creados por mujeres de su aldea, cosidos directamente sobre el lienzo. El hilo enriquece así el gesto pictórico, introduciendo otra temporalidad, otro ritmo y, sobre todo, una dimensión colectiva en el corazón mismo de la obra. El lienzo se convierte en un espacio de colaboración silenciosa, donde se superponen la mirada individual y el saber hacer transmitido, la creación personal y la memoria comunitaria. Esta presencia de los textiles, lejos de ser meramente decorativa, inscribe la pintura en una cadena de gestos compartidos, profundamente arraigados en la realidad.

La exposición también explora la noción de "otro lugar dentro del aquí". Al entrar, el papel pintado con motivos de monstera evoca el mundo cotidiano del artista y prepara al espectador para una experiencia inmersiva. Elementos arquitectónicos —ventanas reticulares, tabiques y pasillos luminosos— fragmentan y recomponen el espacio, difuminando los límites entre interior y exterior. Las pinturas están integradas directamente en la estructura del estudio, mientras que una escultura de madera plegable inspirada en el símbolo Adinkra... nkinkkyim alberga ciertas obras. Este motivo, símbolo de movimiento y transformación, actúa como metáfora de la resiliencia de los sujetos representados, pero también de la capacidad del artista para evolucionar constantemente su lenguaje formal.

La fluidez de la circulación dentro de la instalación involucra por completo al visitante. Las obras no se contemplan desde la distancia; se las descubre al doblar un pasillo, como si se tratara de un espacio habitado. Esta experiencia espacial evoca la dimensión comunitaria del taller de Accra, un lugar de encuentros, debates y transmisión informal, cuya memoria se conserva en la exposición.

En las galerías contiguas, las pinturas continúan esta exploración, tejiendo conexiones entre la historia familiar, las narrativas locales y la memoria colectiva. Las figuras parecen contener capas de tiempo, como si el pasado emergiera en el presente. Amoako Boafo no narra una historia lineal: permite que afloren fragmentos, estados del ser y silencios. Su obra afirma con contundencia que la historia nunca es estática, que se recompone constantemente a través de los cuerpos, los gestos y las miradas de la vida cotidiana.

Con "Me llevo mi hogar conmigo", Amoako Boafo ofrece mucho más que una exposición: una inmersión en un espacio mental sensible y compartido donde la pintura se convierte en un lugar de hospitalidad. Al trasladar su estudio al corazón de la galería, al fusionar la pintura con los dedos y el bordado colectivo, nos recuerda que crear es siempre llevar un mundo dentro de uno mismo y ofrecer a los demás la posibilidad de adentrarse en él.

“Me lo llevo a casa conmigo”
Proyectos Roberts
442 South La Brea Avenue, Los Ángeles (Estados Unidos)

robertsprojectsla.com

Experiencias y una cultura que nos definen

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