En otoño de 2025, las diáfanas paredes de la Fundación Louis Vuitton acogerán a uno de los más grandes pintores vivos. Del 17 de octubre de 2025 al 2 de marzo de 2026, la obra de Gerhard Richter desplegará sus pliegues y fisuras en una magistral retrospectiva que abarca más de seis décadas de creación.

En el panorama artístico contemporáneo, pocas figuras inspiran respeto, asombro y cuestionamiento como él. Nacido en Alemania en 1932, Richter ha navegado constantemente entre la figuración y la abstracción, entre lo íntimo y lo político, como si intentara, sin asentarse nunca, delimitar los contornos cambiantes de una realidad siempre esquiva.
La Fundación Louis Vuitton, que ya presentó algunas de sus obras en su inauguración en 2014, le dedica ahora un homenaje digno de su trayectoria, reuniendo cerca de 270 obras en una exposición cronológica concebida como una narración visual de la segunda mitad del siglo XX.e siglo y principios del XXIeUna narrativa fragmentada pero coherente, donde cada década lleva en sí el recuerdo de la anterior y el preludio de preguntas futuras.
En las primeras salas, el visitante descubre el periodo de los años 1960. Se le presentan lienzos grises, brumosos, casi fotográficos, nacidos de instantáneas familiares o recortes de periódicos. Tío Rudi (1965), con uniforme de la Wehrmacht, sonríe a su problemático pasado. Tía Marianne (1965), Tierna y conmovedora, evoca el recuerdo de las heridas silenciosas de la Alemania de posguerra. Con una paleta de colores deliberadamente apagada, Richter reescribe la historia a partir de imágenes aparentemente banales, obligándonos a contemplar, más allá de lo visible, las capas de silencio y lo no expresado.
Pero el pintor no se detiene en la imagen. Desde el principio, intenta desestabilizar sus contornos. En sus paneles de vidrio, en sus cartas de color, en sus experimentos ópticos, Richter no copia, sino que cuestiona. Busca en la luz una forma de abstracción física, una manera de desviar la pintura de su vocación mimética. Para él, el desnudo se convierte en arquitectura; el paisaje, en tensión; la materia, en lenguaje.
Con el paso de los años, el color se libera: deja de ilustrar y se convierte en el tema mismo. En los grandes lienzos abstractos de la década de 1980, el gesto pictórico alcanza cierta autonomía. La mirada ya no busca una figura: se pierde en las capas de pintura raspadas, borradas y superpuestas, como tantas capas de memoria. Nada es fijo. Cada cuadro parece estar en proceso de transformación, como si la pintura se negara a cerrarse, reivindicando su derecho a la ambigüedad.


Gerhard Richter, Zanahoria [Mohre], 1984 (CR 558-2)
Pero Richter nunca olvida el mundo. No se limita a la pura abstracción. Una habitación suspende el tiempo: la serie 18 Octubre 1977 (1988) estremece al espectador. Rostros borrosos, cuerpos sin vida, celdas vacías. El artista revisita el suicidio colectivo de miembros de la Fracción del Ejército Rojo en la prisión de Stammheim. El tratamiento pictórico no es acusatorio ni explicativo. Es inquietante. El desenfoque actúa aquí como un distanciamiento necesario, un rechazo a lo espectacular, un intento de evocar sin explotar. La pintura se convierte entonces en el espacio para un duelo imposible, el de una generación destrozada.
En las secciones finales de la exposición, el pincel se silencia, o al menos, se transforma. Los algoritmos entran en el gesto. Richter trabaja con sistemas, datos y probabilidades. Con 4900 Colores (2007), delega la tarea de organizar el color en una fórmula matemática. La paradoja definitiva: cuanto más se eclipsa el artista, más permanece su mirada. Como si la pintura, liberada del ego, aún pudiera hablarnos de humanidad.
Y entonces llega la luz. La luz vibrante, casi sagrada, de las vidrieras de la Catedral de Colonia. Miles de cuadrados de colores, ordenados mediante un algoritmo, componen un tablero de ajedrez a la vez místico, secular y trascendental. Richter no representa lo divino; organiza su luz. Transforma el azar en fe. Una apuesta por lo irracional.
Esta retrospectiva promete ser una inmersión profunda en el complejo y fascinante mundo de Gerhard Richter. Esperamos descubrir no solo la riqueza y diversidad de su obra, sino también sentir la fuerza de su visión, tan precisa como enigmática.
La exposición promete abrir un diálogo íntimo con las pinturas, donde cada visitante podrá confrontar sus propias preguntas sobre la historia, la memoria y el papel de la imagen en la actualidad. Más que un simple recorrido cronológico, es una experiencia sensorial que espera al público, una invitación a ver de otra manera, a explorar lo que el arte aún puede revelar en un mundo en constante cambio.
“Gerhard Richter”
Fundación Louis Vuitton
8, avenida del Mahatma-Gandhi, París 16e
Del 17 de octubre de 2025 al 2 de marzo de 2026








