MODA E INTERIORES: CUANDO EL GÉNERO SE APODERA DE TEXTILES Y PAREDES

Desde salones burgueses del siglo XIX hasta instalaciones de Margiela y Raf Simons, "Moda e interiores: un asunto de género" en el MoMu de Amberes lleva a los visitantes a un viaje inmersivo a través de capas de tela, pliegues de muebles y giros y vueltas de la identidad. Más que una exposición, es una invitación a repensar nuestra forma de vivir, tanto nuestros espacios como nuestros cuerpos.

El hogar como espejo del género

Desde las primeras habitaciones se marca el tono. La casa ya no es un simple decorado, sino un teatro social en el que cada mueble, cada cortina, cada encaje cuenta una historia de género. Descubrimos cómo, en el siglo XIX, se asignó a las mujeres el papel de embellecedoras del interior, en una continuidad casi fusional entre sus cuerpos vestidos y su entorno doméstico. Desde los vestidos con crinolina hasta los sofás tapizados, todo habla de suavidad, pliegues y dobleces. Es una estética asignada y sufrida a la vez. Lo privado se convierte en político. Y cada chuchería colocada sobre la repisa de la chimenea se lee como una demanda silenciosa, un intento de controlar -aunque sea de forma limitada- un espacio restringido de libertad.

Esta es la sutileza de la comisaria Romy Cockx: mostrar cómo, tras la aparente ligereza de los tejidos, entran en juego cuestiones de poder, representación y dominación. Lo que podría parecer ornamental se convierte, al observarlo más de cerca, en una herramienta de resistencia. La decoración nunca es neutra.

Declutar para existir

Entonces llegó el cambio. La entrada en la modernidad. Las líneas se vuelven más limpias, los espacios se racionalizan. Con Loos, Le Corbusier, Lilly Reich y la Bauhaus, el funcionalismo se impuso al ornamento. La estética cambia. Y también los roles. El género femenino ya no se define únicamente por la suavidad de un cojín, sino por el rigor de una silla bien diseñada y la angulosidad de un vestido sin corsé.

Quizá sea aquí donde la exposición da en el clavo: en ese momento crucial en que la liberación estética se convierte también en emancipación del cuerpo. Al exponer ropa estructurada y muebles de diseño radical, el MoMu ilustra la idea de que la moda y el interiorismo evolucionan a la par. Que nuestras posturas -literalmente- son transformadas por los objetos que nos rodean.

Un sillón puede enderezar una espalda, pero también afirmar una visión del mundo. Un vestido puede liberar una cintura, pero también una voz. Y estos objetos cotidianos, considerados durante mucho tiempo fútiles o decorativos, se convierten en protagonistas de una narrativa feminista crítica.

Una obra de arte total

Esta idea de diálogo permanente entre disciplinas recorre toda la exposición. Henry van de Velde, pionero del Art Nouveau, ya soñaba con un universo coherente en el que la arquitectura, el mobiliario y la ropa hablaran el mismo idioma. Hoy, diseñadores como Ann Demeulemeester, Raf Simons y Hussein Chalayan amplían esta visión. Para ellos, la moda nunca está separada del resto: se inspira en las paredes, las texturas y los colores del suelo.

La escenografía del MoMu es un delicado acompañamiento de estos pensamientos. Uno no se limita a deambular por una exposición, sino que atraviesa atmósferas. Un colgante evoca un recuerdo, una silueta emerge en un espejo, una luminaria se hace eco de una manga. Se invita al visitante a sentir, a mirar de otro modo y a tomar posición. Literalmente: ¿dónde estoy en este interior? ¿Qué dice de mí este mueble? ¿Qué dice este vestido de mi identidad?

Cuando el espacio se convierte en piel

Por último, llama la atención la persistente impresión de que las fronteras están desapareciendo. Cuerpo y espacio ya no son dos entidades distintas, sino superficies porosas. Un vestido puede convertirse en un tabique. Una alfombra puede evocar un abrazo. Y algunas de las instalaciones de la exposición llevan la experiencia hasta los sentidos. El espacio se vuelve táctil. Se puede sentir el terciopelo y las ideas que transmite. Se puede sentir el recuerdo de un tejido, un gesto, una época.

Aquí es donde "Fashion & Interiors: A Gendered Affair" cobra todo su sentido. Porque más allá de las piezas expuestas -magníficas, a menudo raras, siempre elocuentes-, es una forma de pensar sobre los sentidos la que cobra protagonismo. Una forma de decir que las cosas que vestimos y en las que vivimos forman un lenguaje. Que el género no es un concepto abstracto, sino una disposición concreta de objetos, materiales y líneas.

La intimidad como campo de acción

En un momento en que la distinción entre lo público y lo privado es cada vez más difusa, esta exposición nos recuerda que la intimidad es un lugar de poder. Que nuestras elecciones de interior, nuestra ropa y nuestros objetos nunca son neutrales. Que determinan la forma en que los demás nos ven. Y la nuestra propia.

Lo que MoMu nos ofrece aquí es una reflexión suave pero decidida. Un salón que habla. Una cortina que hace preguntas. Una prenda que responde. No es espectacular, es mejor: es inteligente, finamente pensado, profundamente humano.


MoMu - Museo de la Moda de Amberes
del 29 de marzo al 3 de agosto de 2025
momu.be

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