Playas de Cannes para visitar durante el festival

En Cannes, hasta el mar desempeña su propio papel. Chapotea en el fondo de las entrevistas, brilla en los reflejos de las gafas de sol Celine y acuna los discursos en inglés roto de los productores en pantalón corto de lino. Pero para los que saben mirar, detrás de las sombrillas demasiado blancas y los rosados tibios, hay playas donde el cine continúa a cámara lenta, con los pies en la arena.

La playa de La Môme es sin duda la más pintoresca. Alfombras de rayas azul marino, muebles de marfil y un ambiente de Riviera reinventada. Aquí se puede pedir linguini con poutargue y un Aperol helado, y ver entrar y salir a agregadas de prensa con vestidos wrap, actores con zapatillas de marca y estilistas italianos de Dior Homme. La decoración parece diseñada para Instagram, pero el reparto es real: desde el equipo editorial de Dazed hasta la nueva musa de Saint Laurent, todo el mundo pasa por aquí, al menos una vez.

Más informal, pero igual de codificado: Bijou Plage. Un poco apartado, un poco precioso, atrae a quienes evitan el ruido sin renunciar al estilo. El servicio es discreto, al igual que las miradas. Encontrará cineastas japoneses en camisa abierta, agentes americanos en bañador Thom Browne y algunos periodistas escribiendo sus críticas a la sombra de los pinos. La elegancia es silenciosa, la luz perfecta para los retratos.

En cuanto al Martinez Beach Club, no todo es sutileza. Aquí es donde la Croisette se convierte en escenario. Multitudes compactas, copas grabadas, una banda sonora calibrada para TikTok y tumbonas reservadas a partir de febrero. Pero hay algo cinematográfico en esta hiperpresencia: un frenesí coreografiado, una ostentación perfectamente encuadrada. Se viene para ser visto, pero también para ver: el cine de los cuerpos, la ropa y las actitudes.

Por último, están las playas escondidas. Las calas alrededor de Théoule, los rincones privados detrás de los palacios, los bordes de los yates transformados en salones flotantes. Allí no se publica nada. Susurran. Se toma el sol bajo un antiguo sombrero panamá. Y luego huyes hacia el atardecer, como si el día nunca hubiera existido.

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