Al adentrarse en el mundo de Janique Bourget, se comprende de inmediato que el papel no es solo un soporte: es un material vivo, lleno de promesas y poesía. Esta joven artista, con formación en artesanía y diseño, ha elegido convertirlo en su espacio de juego, su laboratorio y, sobre todo, su lenguaje.


Durante los últimos diez años, ha explorado la transformación de la hoja, ya sea papel, oro o latón. Con paciencia y pasión, pliega, corta, superpone, inventa patrones y collages que dan origen a obras inesperadas: delicadas esculturas, instalaciones inmersivas o formatos más íntimos, siempre impregnados de una energía singular.
El talento de Janique Bourget reside en su capacidad para inventar su propio vocabulario técnico. Sus collages y texturas no son meros procesos; son gestos que liberan el papel de su bidimensionalidad. Grosor, peso, fibra: cada parámetro se convierte en una palabra de un texto que ella elabora con asombrosa precisión. Su proyecto « Memorias Tangibles» , creado junto a Alice Lebourg, lo ilustra a la perfección. Entre el vidrio y el papel, ambas artistas exploran juntas los límites de estos materiales y su poder transformador. ¿El resultado? Obras sensibles e innovadoras, que dan testimonio de esta búsqueda constante del equilibrio entre tradición y arte contemporáneo.
Instalada en Sèvres, en JAD – Atelier 105, Janique Bourget ha transformado su espacio de trabajo en un auténtico laboratorio de experimentación, un espacio donde la curiosidad, el deseo de experimentar y la ambición de superar los límites son palpables. Aquí, la maestría se revela tanto en la soledad del oficio como en el encuentro con otros artesanos y creadores. La innovación prospera gracias a las reacciones impredecibles de los materiales, sus texturas, sus resistencias, sus secretos. El diálogo, finalmente, se establece a través de residencias y encargos institucionales, abriendo múltiples horizontes al taller. De este crisol surgen piezas únicas que viajan de galerías a colecciones privadas, así como proyectos a medida, concebidos en colaboración con arquitectos y diseñadores de interiores.
En tan solo unos años, la obra de Janique Bourget ha cautivado a un público mucho más amplio que el de los círculos de expertos. La prensa especializada le ha dedicado recientemente varios artículos, en particular Connaissance des Arts en 2025, que destacó la singularidad de su enfoque. Los vídeos también ofrecen una visión de su mundo, como los producidos durante su residencia en el Instituto Francés de Casablanca. Esta creciente visibilidad demuestra el interés por una obra que combina rigor y sensibilidad.
Lo sorprendente es la capacidad de Janique Bourget para moverse con fluidez entre diferentes escalas. Sus creaciones pueden ser muy personales, casi secretas, o, por el contrario, instalaciones espectaculares en las que el espectador se sumerge. Pero en ambos casos, la magia surge: el papel se convierte en luz, movimiento, emoción. Cada obra narra una historia de transformación, sublimando una fragilidad.
Con tan solo 36 años, Janique Bourget pertenece a una generación de artistas que están inventando una nueva forma de pensar sobre los materiales y la creación. Desafía las convenciones, sorprende e inspira asombro. Sobre todo, nos recuerda que el diseño y el arte no son meros objetos para admirar, sino experiencias para vivir. Su papel no es neutro: respira, vibra, nos habla. Y quizás sea ahí, en este encuentro íntimo entre el gesto y la materia, donde reside el verdadero poder de su obra.
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