Con «I Would Follow Her by Ground and Sea», presentada en la Galería Mariane Ibrahim de París, Ayana V. Jackson ofrece una profunda y rigurosa reflexión sobre la fotografía como espacio de poder, memoria y reconfiguración histórica. La exposición no se limita a reunir una parte importante de su obra; yuxtapone diversos momentos de su trayectoria para cuestionar el impacto que las imágenes han tenido en los cuerpos y el impacto que los cuerpos aún pueden tener en las imágenes.


Ayana V. Jackson, Dormir para soñar, 2017. Cortesía de la artista y Mariane Ibrahim.
En el centro del enfoque de Jackson se encuentra un cuestionamiento de la fotografía en sí misma, de cómo las imágenes han contribuido a dar forma a las narrativas históricas y a los sistemas de representación perdurables, y de la capacidad del medio para la autorreflexión. A partir de archivos visuales del siglo XIX, Jackson explora estas cuestiones.e y XXe Durante siglos, la artista no ha buscado restaurar una verdad perdida, sino visibilizar los procesos de construcción histórica a través de imágenes. Para ella, la fotografía nunca es un simple documento: se convierte en un espacio de análisis y revisión.
La planta baja de la exposición está dedicada a tres obras de la serie. Desde las profundidades: Tras la estela de DrexciyaInspirado por el universo afrofuturista del dúo techno Drexciya, que imagina una civilización submarina nacida de mujeres africanas embarazadas arrojadas al mar durante la trata transatlántica de esclavos, Jackson traslada su mirada de esta imaginería mitológica al abismo. Pero este abismo no se trata como un lugar de aniquilación: se convierte en un espacio de transformación, un territorio imaginario donde se reconoce la violencia histórica sin caer en la victimización. Las imágenes, a menudo oscuras y escultóricas, evocan una iconografía sagrada y acuática que rechaza la neutralidad.

En estas fotografías, Jackson utiliza su propio cuerpo como ancla. Esta elección no es performativa en el sentido espectacular ni estrictamente autobiográfica. Se trata, más bien, de una estrategia metodológica: al encarnar figuras ausentes en los archivos, el artista desafía la supuesta distancia entre sujeto, fotógrafo y espectador. El cuerpo se convierte en un espacio de transmisión, pero también en una herramienta crítica que revela la artificialidad de las poses, categorías y narrativas impuestas por la historia visual occidental.
En la planta superior, la exposición se amplía para incluir obras de otras series, entre ellas: Querida Sarah (2016) et Olvidaste verme venir (2023). Estas colecciones dan continuidad a una reflexión sobre cómo las mujeres negras han sido inscritas o borradas de las narrativas históricas.
Dans Querida SarahJackson retoma la figura de Sarah Forbes Bonetta, un personaje del siglo XIX que vivió entre la esclavitud, la protección imperial y la asimilación forzada. Las fotografías resaltan la violencia inherente a los actos de nombrar y representar, al tiempo que subrayan la fragmentación de la identidad producida por estos procesos.
Olvidaste verme venir introduce un cambio geográfico y de tono. Al centrarse en las mujeres afrodescendientes e indígenas involucradas en los conflictos armados de principios del siglo XXe En el siglo XIX, especialmente durante la Revolución Mexicana, Jackson introdujo una forma de ligereza calculada. El humor y la jovialidad se convirtieron en herramientas de subversión historiográfica, revelando hasta qué punto la omisión de las mujeres en las narrativas de liberación se debe a una decisión estructural.

Los acontecimientos recientes confieren a esta exposición una resonancia particular. El cuestionamiento público de la obra de Jackson por parte del gobierno estadounidense en 2025 nos recuerda que las imágenes siguen siendo un campo de batalla. Lejos de debilitar su obra, esta controversia subraya la agudeza de su enfoque: insistir en la historia precisamente allí donde resulta inquietante, donde se cuestiona o se ve amenazada de desaparecer.
«La seguiría por tierra y mar» afirma así una concepción exigente de la fotografía contemporánea, que se convierte no en un medio de reparación simbólica, sino en un espacio crítico donde convergen memoria, representación y responsabilidad. Al trabajar con y contra el archivo, Ayana V. Jackson nos recuerda que mirar es siempre un acto político y que ciertas imágenes continúan, obstinadamente, mirándonos fijamente.
“Ayana V. Jackson: La seguiría por tierra y por mar”
Galería Mariane Ibrahim
18, avenida Matignon, París 8e









