Las imágenes de Julia Wimmerlin no se observan, sino que se atraviesan.

Colores saturados, formas disueltas: esta fotógrafa ucraniana afincada en Suiza construye un mundo aparte, donde el sueño y la realidad se fusionan. Sus obras se comportan como pinturas y se interpretan como sueños. Lo primero que impacta es el color: rojos intensos, verdes apagados, azules que parecen surgir de la nada, saturados, casi irreales. La mirada queda cautivada incluso antes de comprender lo que ve. Luego llega el desenfoque: los contornos se desvanecen, los cuerpos femeninos se disuelven parcialmente en la luz, los rostros permanecen en un espacio liminal. En la obra de Julia Wimmerlin, el color vibrante y el desenfoque no se oponen, sino que se refuerzan mutuamente. Uno atrae, el otro te cautiva. Te detienes ante sus imágenes porque no logras comprenderlas del todo.


Este sesgo visual no es una mera afectación formal. Cuando la pandemia cerró las fronteras y, posteriormente, estalló la guerra en Ucrania en 2022, fotografiar el mundo tal como era se volvió insoportable para ella. Incapaz de afrontar la realidad a través de una lente documental, inventó. Sus imágenes se convirtieron entonces en un espacio de resistencia interior; no una evasión, sino una forma de reconstruir el significado donde la realidad se había fracturado. Uno piensa en lo que los surrealistas Max Ernst y Leonora Carrington opusieron al caos de su tiempo, o en la fotógrafa Francesca Woodman: la imaginación elevada a la categoría de necesidad vital.

En la serie (SIN)CORNEAR – cuyo título juega con el verbo inglés a la esquina (Acorralar) y su opuesto: esta urgencia adquiere una forma directa y abrumadora. Julia Wimmerlin fotografía a mujeres refugiadas ucranianas en Suiza, vestidas con la ropa que llevaban el día que huyeron. Cada mujer es fotografiada en un rincón, una metáfora de la invasión, pero ninguna se siente más acorralada. Lo que cada mujer lleva en su maleta se convierte en el corazón del retrato: discos duros con años de investigación sobre Chernóbil, un pintalabios rojo escarlata, un osito de peluche, un salterio, una cacerola. Objetos a la vez triviales y absolutos, que expresan lo que el lenguaje no logra articular. La serie se exhibió en el Consejo de Europa en Estrasburgo en junio de 2025, con motivo del Día Mundial del Refugiado.


Sus otras series exploran territorios más íntimos. En Reverie (Ensueño) ou Ninfas 2.0, Las figuras femeninas parecen pertenecer a un tiempo suspendido, en algún lugar entre la memoria y la invención. El color estructura el espacio emocional tanto como la composición. En Lenguaje robado Galardonada con el tercer puesto en el festival Cortona On The Move de 2024, la cuestión central gira en torno a la identidad: ¿cómo representar lo que las palabras ya no pueden abarcar? La imagen se impone con una ambigüedad cuidadosamente mantenida; algo que se resiste a cualquier interpretación definitiva.
Su obra fue publicada en el New York Times National Geographic, GEO, Le Figaro et The Guardian, y ha expuesto en cuatro continentes. En 2026, estará presente en photoSCHWEIZ en Zúrich, en la feria de arte Hungry Eye en Róterdam y en la exposición colectiva “Visions of Winter” en la Galerie La Hune, en París.
La obra de Julia Wimmerlin nos recuerda que la imagen aún puede reinventar la realidad. Ni documento ni ficción, sus fotografías abren un espacio donde seguir viendo se vuelve posible.









