Monika Marozienė, alquimista de la imagen

Monika Marozienė no solo fotografía el mar, sino que literalmente impregna sus impresiones con él vertiendo resina de pino en ellas. Una práctica tan singular como la propia artista.

Monika Marozienė no fotografía el mundo, sino que lo destila. Formada en química, con una maestría en química y una licenciatura en ingeniería química, dedicó años a llenar lo que ella misma describe como "un vacío donde debería haber estado el arte". La fotografía fue esa respuesta, y desde entonces, ambas disciplinas se han vuelto inseparables.

El gesto que define su práctica es tan simple como inesperado: funde resina de pino sobre sus impresiones. Este proceso, a la vez técnico e intuitivo, confiere a sus obras una singular presencia física. La superficie ondula ligeramente, vibra y adquiere un sutil tono dorado. La fotografía deja de ser una imagen plana y se convierte en un objeto que casi invita a tocar. La resina utilizada no es ámbar fosilizado —Marozienė insiste en este punto—, pero comparte sus propiedades esenciales: protege, conserva y evoca la Costa de Ámbar, el litoral báltico del istmo de Curlandia donde la artista creció, entre dunas cambiantes y el mar siempre presente.

Es este paisaje infantil el que nutre su proyecto más logrado, Mujer y el mar . Las fotografías en blanco y negro muestran figuras femeninas en entornos marítimos austeros. No hay una narrativa explícita, ningún efecto demostrativo: solo una atmósfera suspendida, cuerpos que parecen habitar el espacio y, a la vez, retirarse de él. El mar nunca aparece en primer plano; actúa en segundo plano, como un soplo subyacente. Percibimos su ritmo en las líneas de composición, su presencia en los silencios entre las formas.

Para Marozienė, las mujeres que fotografía son entidades complejas: «poderosas, misteriosas, frágiles, irónicas, poéticas», afirma, como la propia Flecha de Curlandia, serenas y salvajes a la vez. Esta visión debe mucho a su abuela, una figura central en su infancia, cuya feminidad combinaba delicadeza y audacia. Esta sutil ironía y melancolía contenida están presentes en cada imagen: un tono personal e inconfundible, acentuado aún más por el blanco y negro, que amplía la brecha entre la realidad y su representación.

La resina altera entonces esta percepción por segunda vez. Su ligero tono ámbar introduce una calidez que el blanco y negro había alejado previamente. Actúa como un recuerdo que aflora, una luz veraniega persistente. Pero también tiene una función química concreta: como antioxidante, ralentiza el deterioro de la impresión, preservándola indefinidamente. Esta dimensión no es insignificante. Sitúa la obra de Marozienė dentro de una reflexión sobre el tiempo —sobre lo que perdura y lo que se desvanece— que recorre toda su producción artística.

Esta constancia fue rápidamente reconocida internacionalmente. En 2024, ganó el primer premio en la categoría de Bellas Artes en los Tokyo International Foto Awards (TIFA) por su proyecto Woman Is Like The Sea , así como el primer premio en la categoría de Fotógrafa de Bellas Artes del Año en los Monochrome Photography Awards. Ese mismo año, también recibió una medalla de plata en el Prix de la Photographie de Paris (Px3) y en los Budapest International Foto Awards (BIFA), además de premios en los One Eyeland y Exposure One Awards y una mención honorífica en los International Photography Awards (IPA). Su trabajo también ha sido presentado en los Trieste Photo Days, lo que confirma el creciente interés en su práctica.

En un panorama fotográfico saturado de imágenes digitales efímeras e inmateriales, la obra de Monika Marozienė nos recuerda que la fotografía aún puede ser una experiencia física: una superficie resistente, un objeto con memoria propia. Cada impresión contiene un fragmento de tiempo, la luz del Báltico y una química paciente. Más que una imagen, es una huella: frágil, persistente, profundamente humana.

Informaciones Prácticas

monikamaroziene.com

@monika_marozien

Experiencias y una cultura que nos definen

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