En su restaurante de la Rue Ramey, el chef Léo Giorgis recibe al pintor, escultor y tejedor Demian Majcen para una residencia titulada "La química del alma". Un encuentro donde la cerámica dialoga con la gastronomía y donde los símbolos alquímicos se convierten en una forma de interpretar el plato.


©Elisa Reddet
Hay establecimientos que se niegan a elegir entre el atractivo visual y el placer culinario. L'Almanach Montmartre, inaugurado en junio de 2024 por Léo Giorgis en el corazón del distrito 18, pertenece a esta selecta estirpe. Desde sus inicios, el restaurante ha combinado la cocina creativa con residencias artísticas, exhibiendo la obra de los artistas durante varios meses en sus paredes revestidas de azulejos blancos y verdes. Cada exposición se complementa con un menú diseñado para armonizar con las obras de arte, como si el comedor y la cocina entablaran un diálogo constante. La última exposición presenta a Demian Majcen.
Formado en la Villa Arson de Niza y posteriormente en la Escuela de Bellas Artes de París, el artista trabaja la pintura, la escultura y el tejido, inspirándose en una rica herencia de tradiciones ancestrales: la alquimia medieval, la iconografía bizantina y el folclore textil. Sus cerámicas suspendidas, discos de terracota en rojos intensos y negros vidriados, se presentan menos como objetos que como estados de la materia capturados en pleno proceso de transformación. Es precisamente este punto de inflexión el que le interesa y el que da título a la exposición: el momento en que una sustancia se convierte en otra.
La conexión con la cocina es evidente. La tierra que se cuece y se endurece, el grano que se convierte en pan y hojaldre, la uva que espera pacientemente hasta convertirse en vino: la gastronomía en sí misma no es más que una larga serie de metamorfosis. Al colocar sus obras en el centro de la mesa, Majcen no decora un comedor; revela su funcionamiento secreto. La maduración de una mente y la de un plato obedecen al mismo cálculo paciente.


Léo Giorgis plasmó esta conexión creando un mapa que refleja los orígenes del artista. Nos lleva de viaje por Europa Central y los Balcanes, con los sabores mediterráneos como guía. Un hojaldre con queso de oveja, semillas de nigella y miel; hojas de parra rellenas de hierbas frescas, limón en conserva y yogur griego; cordero cocinado a fuego lento durante diez horas con radicchio salteado, queso feta, melaza de granada y salsa de pimientos piquillo. De postre, el baklava tradicional se deconstruye con nueces tostadas, crema ligera de miel, una masa crujiente y azahar.
Esta forma de unir la mano del artista y la del chef surge de la propia trayectoria de Giorgis. Recién llegado a la cocina, trabajó en las cocinas de Apicius y L'Arcane, antes de ponerse al frente de Silencio des Prés, donde conoció a Mory Sacko y Nadia Sammut durante sus residencias y aprendió el arte de reinventarse a diario. Su cocina, que busca ser a la vez audaz y reconfortante, reinterpreta con ingenio clásicos franceses: aves prensadas con trufa, Armagnac y foie gras, tarta de merengue de limón realzada con pimienta de Timut.
Lo que está en juego con Demian Majcen va más allá de una simple exposición. Al invitar al arte a sentarse a su mesa, el Almanach Montmartre cuestiona nuestra manera de recibir lo desconocido y compartir una comida, en un intercambio creativo y gastronómico donde la obra de arte y la receta terminan dialogando entre sí, plato tras plato.
“La química del alma”, la residencia de Demian Majcen en el Almanach Montmartre.










