
Cuatro minutos. Treinta y una miradas.


De vuelta en la Biblioteca Pública de Nueva York, Marc Jacobs presentó una de las colecciones más densas de la temporada: una exposición vertiginosa que lo dice todo sobre su forma de trabajar: por instinto, por convicción, fuera de los horarios establecidos, fuera de lo común.

Él mismo plasma el tema de la temporada en blanco y negro en sus notas: gratitud. «Crear, como acto de gratitud, es mi forma más auténtica de expresión personal». Cada prenda se concibe como un agradecimiento a quienes lo han apoyado, a quienes lo han inspirado. En la pasarela, esto se traduce en una explosión de color. Medias en azafrán, fucsia y azul marino. Prendas de punto en tonos tomate, cian y óxido. Una parte superior que combina con la inferior, o que descombina deliberadamente. El color es un lenguaje.




Las siluetas se superponen y se desequilibran. Camisetas sin mangas de PVC sobre cuellos altos de nailon. Faldas plisadas de lunares con cinturillas forradas. Velos translúcidos sobre bases saturadas. Una falda lápiz azul hielo combinada con una chaqueta de trabajo. Un body color ciruela adornado con collares desiguales. A Jacobs le encanta la tensión entre ligereza y estructura, y la domina a la perfección.




Las minifaldas siguen siendo tendencia desde la temporada anterior, pero con una nueva intensidad. Los pantalones desaparecen en favor de bodys usados como microvestidos y chaquetas de alta costura que se lucen con las piernas al descubierto.


Marc Jacobs es uno de los pocos diseñadores que pueden citar la colección Primavera 1993 de Chanel, con sus icónicos bodysuits.


Pero también el innovador desfile de Junya Watanabe de 1996, repleto de PVC, o Prada de finales de la década de 2000 en la misma colección. Además, recurre a sus propios archivos: sus colecciones de 1998 y 2000, y la colección de primavera de 2009 de Louis Vuitton.




Este desfile no puede interpretarse de forma aislada. Para empezar, está el regreso de Marc Jacobs Beauty: la línea de maquillaje relanzada esta temporada, cuyo ADN se basa en la expresión personal. Las medias coloridas, el labial atrevido, el maquillaje que complementa la ropa: nada de esto es casual.


Luego, el aspecto comercial: LVMH vendió su participación a WHP Global y G-III Apparel Group en una transacción estimada en 850 millones de dólares. Un punto de inflexión crucial para la casa de moda. Jacobs no lo menciona directamente, pero sus notas del desfile hablan por sí solas: «En el corazón de los desafíos reside el propósito, y en el cambio, la posibilidad». Su lema en Instagram, #gratefulnotthateful (agradecido, no resentido), resume el resto.


Cuatro minutos para recordarnos que la moda aún puede sorprender sin sacrificar la emoción. Marc Jacobs transforma un sentimiento íntimo en un manifiesto visual. Sin un final tradicional, sin aparición entre bastidores: solo la ropa y todo lo que transmite. Eso basta.












