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Semana de la Moda: Cuando la moda invoca fantasmas, poesía y quimeras

En París, esta Semana de la Moda se vislumbró como un viaje mental. Tres casas, tres imaginarios poderosos, tres maneras de cuestionar la herencia, la feminidad y los sueños: Jacquemus, Chanel y Schiaparelli ofrecieron cada uno una narrativa única, entre el homenaje, la reinvención y el vértigo estético.

Jacquemus, Paloma Picasso y la tentación del cine

En Jacquemus, el pasado nunca es estático: se reactiva, se desplaza, casi se provoca. Al regresar al Museo Picasso, el mismo lugar donde presentó una muestra seminal en 2017, Simon Porte Jacquemus cierra un círculo íntimo y simbólico. Esta vez, la obsesión tiene un nombre: Paloma Picasso. Una imagen en blanco y negro de Helmut Newton, un vestido negro, un tirante deslizándose del hombro, una copa ocultando el pecho: el punto de partida de una colección que afirma una feminidad segura, cinematográfica, casi peligrosa. Las siluetas, sin pantalones para las mujeres esta temporada, esculpen el cuerpo con implacable precisión: faldas tubo con peplums pronunciados, vestidos de reloj de arena en terciopelo con flecos fluidos, tejidos de punto de segunda piel. Las referencias se cruzan —la sensualidad de los años 50, la de los 90, la atmósfera de los 80— en un lenguaje que se ha vuelto distintivamente Jacquemus. Los hombres, por su parte, juegan con los códigos del esmoquin, desde sofisticados calzoncillos hasta un vestuario artístico, como para recordarnos que el diseñador nunca dejó de divertirse. El final, con la recreación del icónico vestido de un solo hombro de Paloma Picasso, funciona como una imagen-manifiesto: menos un ejercicio de investigación de archivo que un relevo a una nueva generación de visionarios.

www.jacquemus.com

Chanel, alta costura para la vida real

Un cambio de ritmo en Chanel. Para su primera colección de alta costura como director de la casa, Matthieu Blazy desafía las expectativas del espectáculo, defendiendo la alta costura para la vida real. Bajo el techo de cristal del Grand Palais, transformado en un entorno de ensueño (hongos gigantes, sauces rosas, una atmósfera suspendida), el diseñador imagina la alta costura cotidiana, fiel a la visión de Gabrielle Chanel. Las piezas, casi etéreas en su ligereza, revelan su virtuosismo a quienes se acercan a ellas. Un traje icónico se vuelve transparente, cortado en organza rosa empolvado, bordado con pájaros en vuelo y puntuado con botones de cuarzo rosa. La poesía está en todas partes, pero nunca es meramente decorativa: reside en bordados personalizables, en un bolso translúcido de 2.55 transformado en una carta de amor, en tacones esculpidos como hongos. El motivo recurrente del ave, símbolo de libertad y movimiento, recorre toda la colección, desde pijamas bordados hasta siluetas nupciales. Y, sin embargo, Matthieu Blazy no olvida el rigor: un traje negro de radical simplicidad, un vestidito negro ceñido gracias a una confección invisible. Al salir del Grand Palais, bajo la lluvia parisina, una certeza es innegable: la Casa Chanel avanza con calma, coherencia e inspiración controlada.

www.chanel.com/fr

Schiaparelli, el vértigo de las quimeras

Con Schiaparelli, el sueño se adentra en lo inquietante. Para la Primavera/Verano 2026, Daniel Roseberry se inspira en una conmoción estética: el descubrimiento del Juicio Final de Miguel Ángel. Una revelación que impregna toda la colección de alta costura, poblada de quimeras, siluetas antropomórficas y criaturas híbridas. En la pasarela, las modelos parecen de otro mundo: encajes cortados a mano y trabajados en bajorrelieve, plumas pintadas una a una, tules fluorescentes superpuestos para crear un efecto sfumato, inspirado en la pintura renacentista. Las prendas se convierten casi en esculturas, extendidas por alas, picos y ojos cabujón. Roseberry evoca tanto a Miguel Ángel como a Elsa Schiaparelli, sus obsesiones marinas y celestiales, su gusto por el surrealismo y lo inquietante. Aquí, la alta costura no busca tranquilizar: fascina, perturba, hipnotiza. Al abrir simbólicamente el famoso “ojo de la cerradura” tan querido por la casa, el diseñador parece invitarnos a entrar en un mundo donde la moda se convierte en un mito viviente.

schiaparelli.com

Tres visiones, tres narrativas, pero una ambición compartida: hacer de la moda un lenguaje capaz de trascender el tiempo, de evocar la historia, la poesía o la fantasía, sin perder las raíces del presente. Esta Semana de la Moda de París nos recordó brillantemente que cuando la creación está impregnada de sentimiento, se vuelve inolvidable.

Experiencias y una cultura que nos definen

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